lunes, 2 de julio de 2012

En aquel tiempo, viendo Jesús que lo rodeaba mucha gente, dio orden de atravesar a la otra orilla.
Se le acercó un letrado y le dijo:
- «Maestro, te seguiré a donde vayas».
Jesús le respondió:
- «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene, dónde reclinar la cabeza».
Otro, que era discípulo, le dijo:
- «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó:
- «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos».

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 - Se nos ofrece un hecho en el caminar de Jesús, un relato en torno al seguimiento. Y se destaca la radicalidad que supone dicho seguimiento. Y no es que no va a encontrar ninguna seguridad especial a la “sombra del Maestro”, sino que -al contrario- va a tener que vivir en la inseguridad permanente. Incluso, la propuesta del “deja que los muertos entierren a sus muertos” (v. 22) muestra la fuerza vital que entraña ese seguimiento radical.

- Pero en este pasaje impresiona lo que el mismo Jesús vive, su estilo: “no tiene dónde reclinar la cabeza” (v. 20). Su vida es una vida de peregrino, de apóstol itinerante, desarraigado y pobre. Y esa su vida y estilo está muy en consonancia con la propuesta radical que realiza en los casos que nos ofrece el relato evangélico. Todo queda en segundo orden, incluso valores tan vitales como la familia, los bienes. Él camina realmente “ligero de equipaje”. ¡Vaya propuesta! Hoy, su invitación viene a cruzarse con mi vida, con la de cada día. Su itinerancia sigue siendo una propuesta para mí, para nosotros. Sugerente y radical; y, sobre todo, a caminar “ligero de equipaje” ¿Cuántas preguntas e interrogantes nacen dentro de mí? Y... ¡cuántas dudas de mi capacidad de respuesta! Pero está claro: el seguimiento de Jesús (en cualquiera de sus formas y expresiones) va en una línea de decisión generosa. ¿Qué tal te sientes, hermano/a?

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